Picture credit score: © Rick Scuteri-Imagn Photographs
Traducido por Fernando Battaglini
La primera vez que vi jugar a Mike Trout en persona fue en agosto de 2019. Había conducido hasta Boston para asistir al Seminario de Sabermetria y, esa tarde, me escapé de algunas presentaciones para ver un juego en el Fenway Park. Aquel fin de semana fue un gran ejemplo de las muchas pequeñas formas en que el calendario de béisbol puede jugar a tu favor a lo largo de una temporada. Se estaba celebrando un evento emblemático, justo en un momento en que los Purple Sox jugaban en casa y durante la única serie en la que recibirían a los Angels. La coincidencia de todos estos factores hizo que mi asistencia resultara imperativa.
El juego tuvo un comienzo modesto. Los Angels se pusieron rápidamente por delante con una ventaja de 3-0 en la primera entrada, y luego se anotó exactamente una carrera a lo largo de las siguientes cuatro entradas y media. Al no haber estado nunca en Fenway, decidí dar una vuelta. Me dirigí hacia el pasillo principal y me abrí paso entre los estrechos y cerrados senderos que conducen al jardín izquierdo durante la sexta entrada; luego, me situé en una pasarela para ver a Trout mientras se dirigía al plato. Rick Porcello se esforzó al máximo, pero lanzó una sinker a 90 millas por hora justo por el corazón del plato. Trout tatuó la bola con su bate, todo su cuerpo se activó y retrocedió como una pistola al disparar la pelota por encima del Monstruo Verde. Todo el mundo ha visto alguna jugada destacada de un jonrón sobre el Monstruo Verde, siguiendo con la cámara el vuelo de la pelota mientras asciende cada vez más alto, sabiendo objetivamente que es algo impresionante. Pero verlo en persona, con una visión despejada del bateador, ofrece una perspectiva de tal magnitud que uno ni siquiera intenta procesar. Simplemente lo presencias y absorbes tanto como puedes.
Vivo en la costa este de los Estados Unidos. Mi propia carrera profesional se alinea casi a la perfección con la de Trout y prácticamente durante todo este tiempo, ha exigido que me despierte a las 5:00 de la mañana. Incluso en aquellos periodos en los que no tengo que levantarme antes de que salga el sol, me acuesto temprano y me despierto temprano. Soy una criatura de hábitos, y a todo lo que conlleva. Por eso, mi experiencia con Trout ha sido, en gran medida, de carácter épico: La de un hombre extraordinario, en un lugar remoto, realizando hazañas que se consideraban sumamente improbables, si no directamente imposibles, para luego verse sometido ese entorno infernal mientras persevera en su empeño.
Ginny Searle documentó la temporada 2025 de Trout a finales de Agosto del 2025. Apenas unas semanas después de su cumpleaños número 34, detallando lo notable que resultaba el hecho de que se estuviera acercando a la marca de 100 partidos jugados, por primera vez desde antes de la pandemia. Ella también señaló lo diferente que lucía dicha temporada, pues así tenía que ser. Y es que, por muy excepcional que Trout haya sido siempre, no es tan especial como para poder resistir el paso del tiempo. Tras haber sido relegado al puesto de bateador designado a finales de mayo debido a una contusión ósea, afronta la temporada 2026 con la perspectiva de regresar a los jardines de manera common. Concretamente, volverá a ocupar el jardín central, posición en la que no ha jugado desde 2024.
La comparación más obvia para lo que Trout intentará es Ken Griffey Jr. Con quien se ha comparado a Trout desde hace al menos una década Trout ingresó a las Mayores, un año después que Griffey Jr., se retiró. El año en que Griffey Jr. Fue exaltado al Salón de la Fama fue la última temporada completa de Trout. La comparación ha cobrado mayor relevancia gracias al estatus de estrella de ambos jugadores y a su historial de lesiones. Sin embargo, si ampliamos la perspectiva existe una imagen más amplia que transciende la admiración y sentimentalismo. Difícilmente alguien de la edad de Trout o mayor juegue jardín central con la regularidad necesaria para calificar para los premios a last de temporada. En los últimos quince años, solamente tres jugadores lo han logrado: Brett Gardner en 2019, Curtis Granderson en 2017 y Coco Crisp en 2014.
Entre 2006 y 2010, Mike Cameron lo logró en tres ocasiones. Torii Hunter, Ichiro y Kenny Lofton lo consiguieron al menos una vez cada uno en ese lapso (y Lofton sumó otras tres temporadas antes de ese periodo). Un grupo que incluía a Griffey, Jim Edmonds, Bernie Williams, Jeromy Burnitz, Steve Finley, Craig Biggio, Marquis Grissom y Brady Anderson lo hizo entre una y cinco veces cada uno entre los años 2000 y 2005. En complete, estos 14 jugadores sumaron, de manera combinada, las únicas 30 temporadas de jugadores calificados como jardineros centrales titulares desde el cambio de siglo.
Para poner esto en contexto, considere como solo 41 jugadores de edad de 34 años o mayor han jugado en el jardín central desde el año 2000. Luego examine esa cifra con los 495 jugadores con al menos una aparición al plato y una aparición defensiva en el jardín central durante el mismo periodo. Nuestro remarcables 14 jardineros centrales representan, en este caso, solo ocho por ciento de la población complete a lo largo de una parte appreciable de tu vida como aficionado al beisbol.
Trout se encuentra en una buena posición para conseguir lo que necesita a fin de unirse a ese selecto grupo de jugadores extraordinarios. Los reportes sobre su estado de salud han estado teñidos del mismo optimismo que suele rodear a cualquier jugador durante la primavera, aunque en este caso no es completamente sin fundamento. Se le ha registrado alcanzando velocidades de esprint casi de elite, quedándose corto de la marca de 30 pies por segundo establecida por Stacast, por escasas fracciones. Por una vez, el hecho de pertenecer a los Angels debería jugar también a su favor. De haber sido traspasado a cualquier otro equipo a estas alturas, podrían haber intentado convencerlo de abandonar la posición de jardinero central para acomodar a otros jugadores en el roster. Sin embargo, en lo que sigue siendo indiscutiblemente su equipo, para bien o para mal, nadie puede razonablemente disputarle ese puesto. Jo Adell tuvo un desempeño lamentable en esa posición durante su primera etapa prolongada el año pasado (-7.4 DRP en 89 juegos) Bryce Teodosio fue realmente bueno con el guante (3.0 DRP en 50 juegos) pero resultó ser un agujero negro con el bate, relegándolo a un rol de banquillo
La única incógnita es qué forma adoptará la producción de Trout. A juzgar por los ejemplos que tenemos, el abanico de posibilidades que va desde un Bernie Williams en el ocaso de su carrera hasta un Jim Edmonds en la misma etapa es inmenso. Hablamos de un espectro que abarca desde “un jugador acabado que no debería ser titular recurring” hasta “alguien quien sigue siendo uno de los cinco mejores jugadores de toda la liga.” Es más, la diferencia entre las temporadas buenas y las malas de Kenny Lofton es mucho menor y, aun así, resulta demasiado amplia como para permitirnos vislumbrar hacía que dirección pudiese ir.
La defensa de Trout nunca ha sido consistente y buena al mismo tiempo, según las métricas publicas disponibles, por más que en ocasiones resulte emocionante e impresionante. Incluso su desempeño con el bate hace difícil prever cómo podría ser su rendimiento con 550 o más apariciones al plato en 2026. Su obstinada paciencia y la manera que ataca la bola lo hacen propenso a los ponches, a pesar de registrar una tasa hacerle swing a lanzamientos en strike marcadamente promedio. Por lo que el sistema PECOTA le proyecta una línea de 228/.343/.474, confiando en su capacidad para batear con fuerza y estar en base, aun si su tasa de ponches se mantiene cerca del 30% y continúa mermando su habilidad para batear para promedio. No obstante, las tablas de profundidad estiman que apenas superará las 470 apariciones al plato. En cuanto salte al jardín central en un partido de temporada common este año, habrá logrado algo digno de admiración. Que esto llegue a convertirse en algo verdaderamente excepcional es ya otra historia.
Tras haber sido testigo de Trout desde la distancia durante tanto tiempo, siento como si llevara años leyendo elogios sobre su grandeza y sobre cómo esta se desperdició. Es como si La Odisea se hubiera escrito de tal modo que Odiseo derribara al cíclope y navegara sorteando otras bestias, solo para acabar siendo despedazado con complete indiferencia por Caribdis y Escila. Quizás sea más humano que nunca. Quizás sea también más interesante.
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